La búsqueda

Se arrancó la carne del rostro. Notó el tacto de su cráneo en la yema de los dedos. Por fin, se encontraría a sí mismo.

El apetito de los dioses

Masticó. La cucaracha estalló entre los dientes. Creerse Dios valía la pena.

Hogar dulce hogar

La puerta se cerró al otro lado del pasillo. Escuchó unos pasos acercarse. La soledad había vuelto a casa.

Estofado de carne

El niño preguntó por el Señor Bigotes, el padre le ordenó callarse y que se comiera el estofado. Aquel gato no volvería a mearse en el sofá.

La picadura

Esperó con paciencia a que el mosquito terminara de chuparle la sangre. Lo aplastó con el dedo. Morir saciado era mejor muerte de la que a él le esperaba.

El payaso

El padre alzó en brazos a la niña para que eligiera un globo. El payaso acercó un mechero al manojo de estos. La bola de fuego los engulló. Ya no habría más risas aquella tarde.

La lista

Salió de la camioneta. Entró en la casa. Cogió una bala. Escribió el nombre del quiosquero en ella y la dejó sobre la estantería en perfecta alienación junto a las otras. «Pronto —pensó—. Muy pronto».

Váter de urgencias

Después del retortijón su esfínter escupió todo el líquido del enema y nada de la mierda que lo ocluía. Debía aprender a desprenderse de las cosas.

Todo

Sacó una hamburguesa a medio comer de la papelera y la devoró con ansia. La gente evitaba mirarlo; no tenía nada, sin embargo tenía mucho más que ellos.

Minimalismo activo

Amontonó todos aquellos objetos, los roció con queroseno y se sentó en el sofá a verlos arder. Dejó de sentirse poseído por sus posesiones, pero quizá hubiera sido mejor idea hacerlo fuera de casa.

Sala de espera

No fue su número el que apareció en la pantalla cuando el monitor parpadeó. Su polla le seguía supurando bajo los calzoncillos. Pagar por follar le había salido demasiado caro.

Gloria

Besó en los labios a su mujer. Salió de casa. Entró en el metro y empujó a las vías a la primera persona con la que se cruzó. Su momento de gloria había llegado.

Priorizar necesidades

Se acercó al contenedor. Observó cómo lloraba el bebé entre las bolsas de basura y siguió caminando. No necesitaba otra boca más que alimentar.

La acera

Miró al cielo. Pensó en todo el universo sobre su cabeza y volvió a caminar mirando al suelo. No se le había perdido nada por allí arriba.

Silencio roto

Dejó el cigarro en el cenicero, apoyó el revólver contra su sien y apretó el gatillo. El disparo sobresaltó a los vecinos.